
Ludwig Guttmann
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Orígenes de un deporte espectacularTras la Segunda Guerra Mundial que arrasó al continente europeo desde 1939 a 1945, el panorama que presentaba la sociedad era absolutamente nefasto. Entre muchas de sus secuelas quedó una ingente cantidad de personas mutiladas por los rigores del conflicto bélico. Estas se encontraron totalmente desamparadas y sin protección alguna. La sociedad europea se hallaba ante dos problemas de enorme envergadura: por un lado, la reconstrucción de sus ciudades; por otro, la búsqueda de acomodo a las personas con minusvalía, que se enfrentaban al reto de su reinserción social. En este sentido, el doctor Ludwig Guttmann, un neurocirujano judio natural de Polonia, fundó, a instancias del gobierno de Inglaterra, la Unidad de Lesionados Medulares, en el hospital de Stoke Mandeville, donde realizó diversos estudios con este tipo de enfermo, cuya mayoría estaba formada por soldados abatidos en el campo de batalla. Hasta entonces, estos pacientes morían como consecuencia de las infecciones de orina y de las llagas producidas. Guttmann resolvió estos problemas fundamentales y estudió la posibilidad de ofrecerles a estos pacientes una vida mejor. Ahí nació el espíritu del deporte paralímpico, ya que el doctor siempre creyó que el deporte era una excelente alternativa para la rehabilitación de este tipo de enfermos. Organizó los Juegos de Stoke Mandeville, los cuales atrajeron la atención del C.O.I. (Comité Olímpico Internacional). Éste, como queda dicho, es el germen de las actuales paralimpiadas. En Estados Unidos, en el hospital de Van Muyseel, fue donde el baloncesto en silla de ruedas comenzó su andadura. Precisamente, en el estado de California nació la V.W.B.A. (Asociación Nacional de Baloncesto en Silla de Ruedas). Allí se disputó el primer campeonato del mundo, aunque fue de manera no oficial. Impulsados por el deseo de integrar al baloncesto en silla de ruedas en la sociedad y en el mundo del deporte, y de convertirlo en una actividad normalizada, sus gestores quisieron que el reglamento fuese idéntico al del baloncesto `tradicional´ o de a pie, el que todos conocemos. Bajo el control de la I.W.B.F. (Federación Internacional de Baloncesto en Silla de Ruedas), este reglamento encuentra su fundamento en el de la misma F.I.B.A. De esta manera, y exceptuando normas muy concretas, adaptadas a la discapacidad de los deportistas, el resto es exactamente igual. Esto es, las canastas están situadas a la misma altura, el balón tiene idéntico peso, etc. 1969 es el año en el que la mayoría de los expertos sitúan el nacimiento de esta disciplina deportiva en España. Después de una larga etapa formativa, nuestro país vive una época brillante (seguro que mejorable). En cuanto a clubes, sus campeonatos son sumamente competitivos, tanto la Liga, patrocinada desde principios de los noventa por la Fundación ONCE, como la Copa de S.M. el Rey. Entre los equipos pioneros cabe recordar a los barceloneses del Residencia Francisco Franco y el Instituto Guttmann, el madrileño de la Residencia La Paz o los andaluces del Virgen del Rocío (Sevilla) y el Ademi (Málaga), quienes protagonizaron en los 80 una emocionantísima pugna por la hegemonía en nuestro país. A finales de 1987, fruto del interés de un grupo de discapacitados físicos que vendían el cupón de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos), nació en el seno de esta institución en Sevilla un club que ha batido todos los récords de títulos deportivos en la ciudad y que viene realizando una extraordinaria labor terapéutica: el C.D. ONCE-Sevilla (con la denominación presente de C.D. ONCE-Andalucía). Así, en 1988 inició de manera competitiva su camino, ascendiendo imparablemente desde la ya desaparecida Tercera división a la entonces Primera (ahora es División de Honor A). Casi a mediados de los 90 (1994) irrumpió como un vendaval en el panorama del básquet en silla de ruedas, el C.D. Fundosa Grupo (actualmente Fundosa Once). Fue la más importante apuesta realizada hasta la fecha en este deporte. Sus dirigentes hicieron un acopio de los mejores jugadores españoles del momento y conformaron una plantilla que fue imbatible durante años. Precisamente, el C.D. ONCE protagonizó la heroica de derrotarle en una ocasión, la única durante temporadas. La intención no fue otra que crear un equipo capaz de garantizar un baloncesto de gran altura, con el fin de difundir mejor esta disciplina atlética y de pelear por la Copa de Europa (campeonato que pudo ganar por fin en 1997, única vez que España ha inscrito su nombre en el palmarés de la máxima competición europea de clubes). De Paz y Cobo (del C.D. ONCE), el canario Manolo Rodríguez (Sandra) o el malagueño Antonio Henares (Ademi de Málaga) son ejemplos claros de los miembros de aquella plantilla que prácticamente se convirtió en una selección española. Ésta, precisamente, ha adquirido ya su edad madura, y sus últimas actuaciones internacionales han sido meritorias. El equipo júnior conquistó en el verano de 2006 el campeonato de Europa de la categoría, en Estambul (Turquía), y en los pasados europeos absolutos de Metzlar (Alemania), tanto el combinado masculino como el femenino tocaron las medallas con los dedos, y por consiguiente, la clasificación para las próximas paralimpiadas, pero se quedaron a las puertas del éxito. Aunque la supremacía la vienen acaparando desde 1991 el C.D. ONCE-Andalucía y el C.D. Fundosa Once (se reparten las 16 ligas celebradas desde entonces, con siete para los sevillanos y nueve para los capitalinos), en la actualidad, y desde hace varios ejercicios, son muchos los clubes que pugnan por dominar el baloncesto en silla español. Eso sí, unos con mayor poderío que otros. Pero ahí hay un ramillete de plantillas igualmente preparadas para ofrecer un espectáculo apasionante: el Polaris World de Murcia (la última incorporación a la elite de este deporte), el C.P. Mideba de Badajoz, el Sandra Gran Canaria, el Fundación Grupo Norte de Valladolid, el Vital Vigo, el Axa Wintenthur-F.C. Barcelona (ex Institut Guttmann), etc.
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